Tras su paso por algunos festivales independientes
de Tokio, Londres y New York, la película peruana “Manco Cápac” (2020), lo
nuevo del cineasta puneño Henry Vallejo Torres (“El misterio del Karisiri”), llegó
finalmente al 24º Festival de Cine de Lima, que este año se adapta al formato virtual
(online) debido a la pandemia
Ganadora del Concurso de Proyectos de
Largometraje exclusivo para regiones - DAFO 2014, el proyecto recibió un monto
de 400 mil soles para su realización, filmada íntegramente en la ciudad de
Puno, con un reducido equipo técnico, específicamente familiar (los Hnos.
Vallejo, quienes asumen los cargos desde la dirección hasta la música y el
vestuario).
Tras un riguroso casting local y previos
talleres de formación actoral básica, el protagónico recae en el novel actor adolescente
Jesús Luque Colque, quien da vida a Elisbán, un muchacho del campo que llega a
la ciudad de Puno en busca de su amigo Hermógenes por un trabajo prometido. Su
llegada, durmiendo pegado a la ventana y sentado en el piso en posición fetal en
el ómnibus, es súper significativo, pues el protagonista está a punto de nacer/conocer
un “nuevo mundo”: la indiferente, bulliciosa y compleja ciudad urbana, que
funciona como la gran antagonista. Y obviamente, minutos después, al no hallar
al amigo; sin dinero y sin hogar, a Elisbán sólo le queda sobrevivir mediante trabajos
ocasionales.
Como vemos, estamos ante una trama sencilla
y única que se mantendrá hasta el final. Una historia que sin abandonar del
todo algunos principios de la narrativa convencional, la película toma una
cierta distancia al respecto, centrándose en un largo tramo donde evita (y no
es necesario) los sorprendentes e inevitables giros narrativos; no requiere de
subtramas ni la presencia obligada de personajes secundarios (sólo opta por los
ocasionales y funcionales); tampoco recurre al ritmo acelerado producto de la acumulación
de escenas o secuencias que obligan a resolver algo; más bien se centra en
seguir al personaje muy de cerca en las pequeñas aventuras y desventuras laborales
por la ciudad cual viñetas una y otra vez, y es aquí donde el guion tiene su
punto más laxo, repetitivo y con algunos baches; pero gracias a su giro final logra
salir airoso (un efecto sorpresa para descubrir el porqué del título del filme).
Por otro lado, el personaje (ojo, no el
actor que está sumamente comprometido y muy acertado en su elección) se aleja también
de los arcos evolutivos convencionales, y esto es porque no estamos ante una historia
de maduración, sino principalmente ante el retrato de una realidad donde el
personaje con un toque de "aprendizaje" es solo un elemento más.
Vamos al grano. Lo que sí me sorprende son las lecturas condescendientes, superficiales y ligeras de ciertos críticos al momento de hacer una lectura al filme, ya que de los espectadores podría esperar cualquier cosa. Un gran acierto (que no es lo mismo que un gran mérito) es no haber caído en el miserabilismo y la pornomiseria directa, pero la película sí roza y coquetea por esos linderos tenuemente. La mayoría valora positivamente la representación de la dura realidad que viven los migrantes del campo a la ciudad, adjudicándole al personaje cierto aire de resiliencia hasta una pincelada de optimismo. Pero aquello es apenas la punta del iceberg, un análisis en profundidad nos revela a un protagonista víctima de la globalización, que no le queda más que acomodarse o adaptarse al medio hasta el punto de cosificar y mercantilizar su cuerpo al servicio de un mundo consumista y neoliberal. Asumir la figura de un personaje histórico del pasado no solo es resistencia y símbolo de un imperio heredado ahora sin poder ni gloria ni mando, #Elisbán en estos tiempos es también un elemento/pieza/medio de un mundo capitalista, en realidad los espectadores celebran y hasta romantizan el ingenio (llámese 'viveza') del peruano como instrumento de sobrevivencia en la tierra tercermundista de los desposeídos.
Técnicamente aceptable, “Manco Cápac” es la segunda obra de ficción de un director
que sin duda demuestra un crecimiento a nivel formal. Un producto realizado con
más pulso y un mayor control, pero que aún mantiene algunas debilidades de acabado, fondo y perspectiva. Un drama social que no toma partido desde
la denuncia o la crítica directa, sino más bien desde la observación y la
exposición, desplegando y poniendo sobre la mesa muchos temas sin ahondar sólo para la contemplación.
Por ejemplo: el individualismo y la soledad, la informalidad y la precariedad laboral,
la globalización y la desprotección estatal, la orfandad y la pobreza, la migración y el crecimiento urbano en los andes, etc.
- UN PUNTO A FAVOR: La representación de la ciudad andina se aleja de la postal, el folclore pasa a segundo plano o telón de fondo (y los paisajes idílicos están fuera de los encuadres)
- UN PUNTO DEBATIBLE: El filme no escapa del todo a esa visión trágica, pesimista y desencantada del mundo andino que aún se sigue plasmando/transitando en nuestra cinematografía, aún seguimos esperando realidades más optimistas con personajes tridimensionalmente mucho más complejos, más realistas y más verosímiles.
- UN DATO ADICIONAL: Un personaje que llega del campo a la ciudad andina en Puno y pasa por ciertas desventuras, ya lo habíamos visto también en “Juanito, El Huerfanito” del cineasta Flaviano Quispe, obviamente desde el género del melodrama; de hecho, el director de esta cinta tiene un pequeño papel en “Manco Cápac” como el vendedor de sánguches.
PUNTAJE: 6/10